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martes, 19 de agosto de 2008

56 grupos étnicos, una China


Hace dos o tres meses tomé esta foto en la impresionante Federation Square de Melbourne. Cientos de chinos expatriados se manifestaban a favor de una China unida y en contra de la manipulación mediática que intentaba amargar su momento más dulce al gigante chino. Cierto que algo grave pasaba en Tíbet, aunque no es menos verídico que si hubieron disturbios es porque alguien le garantizó a los tibetanos que su sacrificio no sería baldío. Algo similar a lo sucedido en Georgia. Dudo mucho que osaran molestar a los rusos si el primo de Zumosol no les hubiera envalentonado. Pero cuando comenzó la gresca el primo dijo: "No hombre, ahora no. ¡Que estoy de cañas con los amigos!".
Para toda una generación de chinos los juegos olímpicos han sido la puerta que les ha abierto al mundo. Han intentado fastidiarles la fiesta, pero no lo han conseguido. Se han metido con ellos todo lo habido y por haber. Hasta los estadounidenses se han tenido que reír de sí mismos y decir: "tíos, paremos ya, que esto es ridículo". Para muestra un botón: The daily show
Bueno, aquí queda dicho. Creo que nada tiene que ver con mi cursi y casi patética redefinición del cuento del patito feo.
PD. Por cierto, que los de libertaddigital de esto casi ni se han enterado. Andan muy preocupados siguiéndole la pista a De Juana.

martes, 12 de agosto de 2008

Singin' in the rain

Podría aprovechar el titular para hablaros del tiempo en Melbourne, pero me parece que ya he abusado bastate del tema. Tan sólo diré que gracias a la meteorología creo saber porque establecieron los ingleses su principal colonia en Australia. Cuando llegaron y vieron esa niebla perpétua, frío, lluvia todos los días, pensaron: "¡coño, si estamos en casa!".

Pero no. Lo que quiero es hablar de los juegos olímpicos que se celebran en Pekín, si se me permite este arcaico topónimo. Concretamente de la ceremonia inaugural. He de decir que me aburrió soberanamente, aunque parece que encandiló a todo el mundo. No soy muy de ceremonias, pero me he tragado unas cuantas. Y ésta se me atragantó.

No critico que consideren espectáculo a la enésima repetición de ciertas manifiestaciones artísticas ejecutadas por clones perfectamente sincronizados. Simular fuegos artificiales por ordenador y pretender que sean más reales añadiendo fingidos gritos de admiración de un público bien aleccionado es parcialmente perdonable. Fue algo bochornoso ver a Li Ning encender el pebetero colgado con cuerdas. Además del esperpento, el hecho me recordo que el tiempo no pasa en balde. Li Ning, el gran héroe de Los Ángeles 84. Pero eso no fue lo peor.

Como Debbie Reynolds en Cantando bajo la lluvia, Yang Peiyi cantó entre bastidores la Oda a la madre patria que se escuchó en el estadio olímpico. No le vimos a ella sino a otra niña más mona. Yang Peiyi, la niña de la izquierda, fue descartada por su cara regordeta y sus dientes poco alineados.
Pero ella no es Debbie Reynolds, es una niña de 9 años. Lo que igual no saben los miembros del comité olímpico chino, o cualquier otro malnacido al que se le haya ocurrido semejante desfachatez, es que el dúo Milli Vanilli acabó como el rosario de la Aurora y que Debbie Reynolds hizo muchas películas pero Jean Hagen sólo pudo ser Lina Lamont.
Por eso les regalo mi desprecio más absoluto. Y Yang, tranquila, que ya se ha corrido el telón y todos hemos visto quién era la niña de la maravillosa voz.