El domingo pasado fuimos a una fiesta de Halloween en un parque de Melbourne. En Australia no es una fiesta con mucha tradición, pero es una manera de juntar a unos cuantos renacuajos e hincharles a golosinas. Yolanda decidió hacerle un disfraz de dinosaurio a Otis. Claro, ella no sabe que hace años ya existió un Otis dinosaurio. Yo me encargué de la pintura.
El traje quedó bastante bien, sobre todo la cola. Parecía un auténtico reptil.
Una vez en el parque los niños se lo pasaron bastante bien. Mejor que los adultos, sin duda. Comieron golosinas y recibieron regalos.

Pero, donde esté un carnaval de los de verdad, como el de Nerín, que se quiten los halloweenes.