Pero no todo es tan fácil. En este país las bicis hay que montarlas. Con el sacrificio que esto representa para el montador y para los que tienen que oir sus juramentos.
Por supuesto, cuando los niños quieren montar el menda se ha de joder y esperar pacientemente, para luego llevar la bici a rastras de vuelta a casa.
Y aquí está la foto prometida con casco.
Lo de la sillita está bien, pero cuando Otis se duerme su cabeza se va para todos los lados menos para el que debe. Va a acabar con un cuello de cisne.