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lunes, 12 de enero de 2009

La costa de los naufragios

Después de las fiestas navideñas nos fuimos a visitar unos de los destinos turísticos favoritos del
estado de Victoria, la Great Ocean Road. Esta carretera recorre las costas más escarpadas y antaño más peligrosas de la costa australiana. Pero lo mejor no está en la carretera, sino fuera de ella. En esta costa perdieron la vida muchas personas que, tras dos o tres meses de viaje, vieron como su barco se destrozaba al chocar con una de las innumerables islas de roca caliza. Por algo le llaman la shipwreck coast. En una parte de ella se encuentran varias rocas aisladas, conocidas como los 12 apóstoles. No hay 12 rocas, sino 9 o 10, según se mire. Dicen que hubo un momento en que eran 12, o que tal vez les llamaban así porque servían de guía a los barcos en este difícil tránsito. Además, la Great Ocean Road cruza el parque nacional de Cape Otway, un lugar ideal para ver koalas en libertad. Pero bueno, basta ya de divagar, que una imagen vale mas que mil palabras.







lunes, 13 de octubre de 2008

Pukes, lies and video-whales

Las pasadas vacaciones, después de nuestra estancia en Eungella, fuimos a Brisbane, la capital de Queensland. No teníamos demasiado tiempo pero quisimos ir a ver a las ballenas jorobadas, antes de que volvieran al Antártico.

Otis, como sabéis, cumplió 3 años un día antes de que saliéramos de vacaciones, lo cual es una putada pues hay muchos sitios done ya tiene que pagar a partir de esa edad. Con los aviones no hay manera de escaparse, pero en hoteles, autobuses o similares puedes decir que el niño todavía tiene 2 y no pasa nada. ¡Y haciendo eso nos ahorramos un pico!

Llegamos por la noche a Brisbane con la intención de arreglar el tour ballenero para la mañana siguiente, ya que el próximo día tendríamos que partir hacia Melbourne. Nos dijeron que no habría problemas. Pero, al levantarnos nuestro gozo se quedó en un pozo; no había plazas disponibles. Nos habíamos hecho muchas ilusiones, así que nos quedamos muy chafados. Por eso fuimos a la oficina de información turística a ver si había alguna otra compañía que zarpara por la tarde. Y, ¡albricias!, sí que la había. La chica de la oficina, muy amable ella, nos quiso arreglar el tour. Cuando nos preguntó la edad de Otis, Yolanda dijo rotundamente: "Dos". "¡Ay lo siento!", contesto la chica apenada, "con esta edad no pueden ir en el barco. Son normas de la aseguradora". "Joder, si Otis tiene 3 años. Sí que puede ir", pensó Yolanda. Pero no lo dijo, porque la vergüenza le pudo. Si es que para mentir hay que saber, y nosotros lo hacemos muy mal. Se acabaron las ballenas.

Por suerte, se nos ocurrió volver al hotel y pedirle al amable recepcionista que nos hiciera la reserva del tour usando otro nombre. Coló y nos fuimos a ver ballenas tan contentos.



Lo que Yolanda y Otis no recordaban es que eso de ir en barco y salir a la mar con el viento arrenciado no es tan agradable. Cuando perdimos de vista el rompeolas el barquito se empezó a mover como si de una cáscara de nuez se tratase. Todos acabamos malísimos, sobre todo el pobre Otis, pero mereció la pena. Sí, estuvo bien, porque pudimos ver a los delfines brincar persiguiendo el barco:


Como podéis ver en el vídeo el barco se movía muchísimo y era imposible sacar una foto o un vídeo en condiciones. Al poco tiempo aparecieron las simpáticas ballenas. Saltaban, enseñaban las aletas, se acercaban al barco con curiosidad. Es una lástima que no os pueda enseñar una buena muestra de lo que vi, pero a duras penas me mantenía en pie y cuando empezaba a filmar la ballena ya estaba otra vez escondida. Esto es lo mejor que pude captar. Después de esta secuencia me llamaron desde megafonía del barco para que me reuniera con Yolanda y Otis. Estaban envueltos en una toalla y bañados en vómito, pero contentos por haber visto a las ballenas.


Llegamos a puerto exhaustos y un poco malolientes pero contentos. Y es que eso de ver ballenas jorobadas no pasa cada día.

lunes, 30 de junio de 2008

Encontrando a Nemo

A pesar del mal tiempo, durante estas vacaciones hemos podido disfrutar de auténticos espectáculos naturales. Uno de ellos ha sido incluido en la lista de las 7 maravillas del mundo natural. Supongo que estaréis de acuerdo en que estas listas no son más que chorradas. El mundo tiene muchas más que siete maravillas y no estoy de acuerdo en que nadie me las califique. Me gustan más las que a mi me da la gana y punto. Por cierto, ¿a alguien le gustó la lista de las 7 nuevas maravillas del mundo moderno? Si es que hoy en día cualquier millonetis suizo se cree que es Antípatro de Sidón. (Por cierto, esto de la wikipedia es una maravilla; cualquier paleto puede hacérselas de erudito sin esfuerzo apenas).

Bueno, al grano. Sea o no unas de las 7, la Gran barrera de coral (Great Barrier Reef) es una auténtica maravilla. Dicen que es el ser vivo más grande del mundo. Más de dos mil kilómetros de coral, peces de colores, moluscos y un larguísimo etcétera.

Para llegar a la barrera hay que ir en barco, por supuesto. Y ya os podéis imaginar cómo fue el viaje con el viento que hacía. Además había que cuidar de Otis que no podía nadar en esas aguas. Pero, a pesar de todo, pudimos disfrutar de esta maravilla natural. ¡Y encontramos a Nemo! Bueno, a él precisamente no, pero a un pariente cercano. Es difícil que os hagáis una idea de lo que vi ya que la cámara es cutre y el fotógrafo un pazguato, pero ahí va una muestra.







P.D. Por cierto, ya sé que España ganó la Eurocopa. Felicidades a los agraciados.

jueves, 26 de junio de 2008

La asamblea de majaras ha decidido...


...mañana viento.
El peor de los elementos, ¿verdad? No nos ha abandonado en todas las vacaciones. El viento es en general molesto, pero es una agonía cuando tienes que ir en barco. A pesar de todo hemos visto cosas muy interesantes que en breve os enseñaremos. Ahora nos vamos de fin de semana campestre con el personal del trabajo.